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 Qué es la vigorexia: síntomas, causas y cómo superarla

Qué es la vigorexia: síntomas, causas y cómo superarla

Lucía Gili Pozo

Descubre qué es la vigorexia, sus síntomas y consecuencias. Aprende cómo se trata este trastorno y recupera tu bienestar.

Qué es la vigorexia: guía completa sobre este trastorno

La vigorexia es un trastorno que combina obsesión por la musculatura, distorsión de la imagen corporal y conductas compulsivas de ejercicio. En este artículo descubrirás qué es la vigorexia, cuáles son sus síntomas, qué consecuencias tiene y cuál es el mejor tratamiento para la vigorexia.

Qué es la vigorexia

La vigorexia, también llamada dismorfia muscular, es un trastorno caracterizado por la (fuerte preocupación por ganar masa muscular y la sensación constante de no estar lo suficientemente fuerte. Aunque la persona entrene intensamente, se alimente con precisión y se vea musculosa desde fuera, en su interior vive atrapada en un espejo que nunca devuelve una imagen satisfactoria.

En definitiva, cuando hablamos de qué es la vigorexia, hablamos de un problema psicológico en el que la mente se convence de que el cuerpo nunca es “suficiente”.

Vigorexia y dismorfia muscular

La vigorexia se considera una forma específica de trastorno dismórfico corporal. En este caso, la obsesión se centra en los músculos y en la idea de estar débil, cuando la realidad suele ser todo lo contrario.

Diferencias con otros trastornos de la conducta alimentaria

A diferencia de otros trastornos de la conducta alimentaria (TCA), donde la meta suele ser perder peso, la vigorexia busca lo contrario: aumentar músculo. Por eso a menudo se la conoce como “anorexia invertida” o “complejo de Adonis”.

Síntomas de la vigorexia

Identificar los síntomas de la vigorexia puede marcar la diferencia entre un simple interés por el deporte y un trastorno que afecta profundamente la vida diaria.

El diagnóstico requiere una evaluación clínica especializada, donde se analizan los síntomas de vigorexia y la presencia de distorsión de la imagen corporal. Reconocer estos patrones es el primer paso para frenar el avance del trastorno.

Señales físicas y emocionales

  • Mirarse al espejo con obsesión y sentirse insatisfecho.
  • Evitar enseñar el cuerpo por miedo a ser juzgado.
  • Ansiedad o rabia intensa al faltar un entrenamiento o “saltarse” la dieta.
  • Autoestima muy baja y ligada solo a la apariencia.
  • Aislamiento social

Conductas obsesivas relacionadas con el ejercicio y la dieta

En la vigorexia, el ejercicio físico deja de ser un hábito saludable y se convierte en una obligación. La persona puede pasar horas en el gimnasio, planificar cada rutina con rigidez y sentir culpa si no la cumple.

Además, suele aparecer una obsesión con las dietas estrictas y el control de la alimentación, buscando aumentar masa muscular o reducir grasa a cualquier coste.

En conjunto, se combinan horas excesivas dedicadas al entrenamiento físico (pesas, gimnasio) y dietas rigurosas, generando un ciclo de exigencia, culpa y deterioro del bienestar físico y emocional.

¿Imaginas lo agotador que resulta vivir con la presión constante de no estar “a la altura”?

Riesgos asociados al uso de esteroides y suplementos

Otro de los síntomas de la vigorexia es el uso descontrolado de esteroides anabolizantes y suplementos alimenticios. Aunque prometen resultados rápidos, conllevan riesgos graves: problemas hormonales, cardiovasculares, hepáticos y metabólicos. que la persona pasa por alto.

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Causas de la vigorexia

La pregunta no es solo qué es la vigorexia, sino también por qué aparece. No existe una única causa: la vigorexia es un fenómeno multicausal, en el que influyen diversos factores biológicos, psicológicos y sociales.

A nivel psicológico, suelen intervenir la baja autoestima, la autoexigencia o la necesidad de control. En el plano social, el ideal de cuerpo perfecto, la presión estética y la comparación constante en redes pueden reforzar la obsesión por la imagen corporal. Todo esto puede llevar a que el ejercicio y la alimentación, en lugar de ser hábitos saludables, se conviertan en una forma de alcanzar una perfección inalcanzable.

Factores psicológicos y de autoestima

La baja autoestima es una de las raíces más frecuentes en la vigorexia. Detrás del esfuerzo constante por alcanzar un cuerpo “perfecto” suele existir una sensación de insuficiencia o una necesidad de validación externa. En muchos casos, el ejercicio funciona como una máscara que tapa las inseguridades, pero no las resuelve: cuanto más se busca la perfección física, más se alimenta el malestar interno.

También intervienen otros factores psicológicos, como el perfeccionismo y los rasgos obsesivo-compulsivos, que están vinculados a la necesidad de control y al miedo al error. Estas características pueden hacer que la persona se vuelva rígida con su entrenamiento y con su alimentación, generando una dinámica de exigencia extrema y culpa ante cualquier “fallo”.

Influencia sociocultural e idealización del cuerpo

Vivimos rodeados de imágenes de cuerpos “perfectos” en redes sociales, publicidad y en la propia cultura fitness. Este bombardeo constante refuerza la idea de que el valor personal depende de la apariencia física o del tamaño de los músculos, generando una presión que puede ser especialmente intensa en personas jóvenes o con baja autoestima.

Las redes sociales, los modelos de belleza inalcanzables y la comparación continua fomentan la insatisfacción corporal y la búsqueda obsesiva de un ideal irreal. En este contexto, el gimnasio y la alimentación estricta se convierten en vías para alcanzar una sensación de control o reconocimiento, aunque el precio sea el bienestar psicológico.

Factores biológicos

La vigorexia también puede verse influida por factores biológicos. Algunas investigaciones apuntan a la existencia de una predisposición genética que podría aumentar la vulnerabilidad a este tipo de trastornos, especialmente en personas con antecedentes de ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo.

Además, los desequilibrios neuroquímicos —como alteraciones en los niveles de serotonina y dopamina, relacionados con el estado de ánimo y la motivación— pueden contribuir al desarrollo y mantenimiento del problema. Estos factores biológicos no actúan por sí solos, pero sí pueden interactuar con los aspectos psicológicos y socioculturales, facilitando la aparición del trastorno.

Consecuencias de la vigorexia

Las consecuencias de la vigorexia no se limitan al ámbito físico. Afectan también a la mente, las emociones y las relaciones sociales.

Efectos en la salud física

  • Lesiones musculares y articulares por sobreentrenamiento.
  • Alteraciones metabólicas y hormonales.
  • Riesgo de enfermedades cardiovasculares por abuso de anabólicos.

Impacto en la salud mental y social

  • Aislamiento social por priorizar el entrenamiento, las dietas y el fisico frente a la vida personal.
  • Ansiedad y frustración constantes al no lograr “el cuerpo perfecto”.
  • Autoestima cada vez más deteriorada.

Tratamiento para la vigorexia

La parte más esperanzadora: existe un camino de salida.

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) es una de las intervenciones más eficaces para tratar la vigorexia, ya que permite cuestionar los pensamientos obsesivos y modificar las conductas desadaptativas relacionadas con el ejercicio, la alimentación y la imagen corporal.

El trabajo terapéutico no se centra únicamente en reducir las horas de entrenamiento o cambiar la dieta, sino en transformar la forma en que la persona se percibe y se relaciona con su cuerpo. Uno de los ejes fundamentales es fortalecer la relación con la propia imagen corporal, ayudando a que la persona reconecte con su cuerpo desde la aceptación, la gratitud y el autocuidado, y no desde la exigencia o la comparación.

En este proceso se trabaja también con las emociones que sostienen la obsesión —como la culpa, la ansiedad o la sensación de no ser suficiente—, comprendiendo su origen y aprendiendo a gestionarlas de manera más sana. La terapia ofrece herramientas para identificar los pensamientos distorsionados (“si no entreno, pierdo valor”, “mi cuerpo nunca será suficiente”) y sustituirlos por una mirada más realista y compasiva.

El objetivo final de la TCC en la vigorexia es que la persona recupere el equilibrio entre cuerpo, mente y bienestar emocional, construyendo una relación más amable consigo misma y con su entorno.

Enfoque multidisciplinar

El mejor tratamiento para la vigorexia suele combinar psicoterapia, apoyo médico y orientación nutricional. Este abordaje integral permite no solo reducir los síntomas, sino también recuperar la autoestima y la calidad de vida.

h2: Cómo pedir ayuda si sospechas de vigorexia

Importancia del acompañamiento psicológico

La vigorexia no es una moda ni un simple “gusto por el deporte”. Es un trastorno que puede atraparte en un bucle doloroso. Buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía.

Primeros pasos para iniciar un tratamiento

Si te sientes reflejado o piensas en alguien cercano, no lo ignores. Hablar con un profesional puede marcar la diferencia entre seguir atrapado en el espejo o empezar un camino hacia la libertad.

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Preguntas frecuentes sobre la vigorexia

¿Qué es la vigorexia y por qué se considera un trastorno?

La vigorexia es un trastorno psicológico en el que la persona desarrolla una obsesión por ganar masa muscular y mejorar su aspecto físico. Aunque entrene con intensidad y se vea musculosa desde fuera, internamente percibe que no es suficiente. Se considera un trastorno porque afecta a la salud mental, la vida social y puede tener graves consecuencias físicas, como lesiones o problemas cardiovasculares.

¿Cuáles son los principales síntomas de la vigorexia?

Los síntomas más comunes incluyen entrenar de forma compulsiva, sentir ansiedad al faltar un día en el gimnasio, mirarse constantemente al espejo con insatisfacción, usar esteroides anabólicos o suplementos sin control, y tener una autoestima baja vinculada únicamente al aspecto físico.

¿Qué consecuencias puede tener la vigorexia a largo plazo?

Entre las consecuencias más graves están las lesiones musculares y articulares, alteraciones metabólicas, problemas hormonales y cardiovasculares, además de aislamiento social, ansiedad y depresión. Estas consecuencias hacen que sea fundamental pedir ayuda a tiempo.

¿Existe tratamiento para la vigorexia y en qué consiste?

Sí, el tratamiento para la vigorexia suele incluir psicoterapia —especialmente la terapia cognitivo-conductual (TCC)— y un enfoque multidisciplinar con apoyo médico y nutricional. El objetivo es recuperar una relación sana con el cuerpo, el ejercicio y la alimentación.

¿Cómo puedo ayudar a alguien que sufre vigorexia?

La mejor forma de ayudar es mostrar comprensión, escuchar sin juzgar y animar a la persona a acudir a un profesional de la psicología. Evita presionarle o minimizar lo que siente: la vigorexia es un trastorno real y requiere acompañamiento especializado.